La pandemia de COVID-19 provocó la recesión global más profunda desde la Segunda Guerra Mundial, con una contracción de la producción mundial de alrededor del 3,3%. Los confinamientos interrumpieron las cadenas de suministro, las obras se paralizaron y las decisiones de inversión se aplazaron en todos los grandes mercados.
Aun así, el año también aceleró el cambio: los gobiernos lanzaron estímulos sin precedentes, la adopción digital se disparó y la infraestructura se reconoció como motor clave de la recuperación.